domingo, 31 de octubre de 2010

Dedicado Indedicable

Al ánimo frugal
al mal de sueños
a la lucha en el cansancio de las horas que me arrastran
hacia los fondos innombrables de las muertes
que nacen cada noche y cada mañana se evaporan.

A la perfidia homicida que me estanca la sonrisa
a la alegría postergada para un día que no llega
a los cantos que invitan a tristezas
como buitres navegando en la aspereza
de un cielo nauseabundo en el tabaco de chupete.

A la renuncia voluntaria al sol gratuito
al rechazo de las manos en caricia
al egoísmo egocéntrico
al paladar negro en cafeína
al humo de bencina
por comida.
Al tiempo regalado
a la pereza
a la mesa del calvario
en la que el diablo
baraja, corta y parte
para que pierda yo
para que gane él
para que siga jugándome la vida
sin jugarme un carajo
esperando
buscando algún atajo
sorteando cuanto bache haya o sospeche
en el camino,
para llegar…
¿Para llegar a dónde?
Llegar sin haber ido
hasta el final
hasta el último suspiro
sin haber suspirado
ante tus ojos
que me llaman,
que me invitan,
a la vida.

viernes, 22 de octubre de 2010

Memoria en el agua

Me moja esta lluvia,
estas gotas que están cayendo
y tal vez
más adelante
cuando me encuentre cara a cara
con el resto de esta lluvia
ya no sea yo
quiero decir
ya no sea este que ahora está
apenas mojado
tapándose ridículamente con este diario
como una Adán con su vergüenza
detrás de la hoja de parra,
quizá entonces
seré otra gota
que rueda por las calles
que abraza el asfalto
y se pierde bajo el cielo
entre las pisadas de la gente
que pasa
que pasa y se hace tarde
se hace prisa
pero yo ya no corro
estoy donde he caído
discurriendo
por las grietas
entrándome en la tierra
con una voluntad a cielo desatado
en esta certeza ancestral
incuestionable
de ser y hacer
para lo que he nacido,
agua,
mojando el polvo reseco
del camino.

Y cuando todo acabe
y vuelto el sol a calentar la tierra
se inscriba sobre un cielo
de una sola pincelada,
yo estaré
de nuevo de pie
pisándome a mi mismo
al que fui en la tormenta
a lo que quedó de mí en este lodo,
caminando hacia mañana
sin recordar quien he sido
mirando de reojo a las alturas
no sea que de pronto se nuble
y yo sin paraguas.

sábado, 16 de octubre de 2010

Ángel de la guarda, dulce compañía, no la desampares ni de noche ni de día

Estamos atrapados dentro de esta nube
jardines de agua rodean la casa.
Ayer dimos con el médico
en su balsa y sin la autoridad que le prestaba el uniforme
nos aseguró jocoso que ella sanaría
y nos fuimos
contentos como pascuas,
pero no ha dejado de toser
ya van dos días
y la fiebre apenas ceja.
Su carita de ángel está entre pálida y gris
como este tiempo
que no llueve pero amenaza.
Y nosotros con los rostros arrugados
que nos prometemos ir de nuevo mañana
a su doctor de cabecera o a cualquier otro.
La cebolla partida flota en la habitación
rompe su ácido oleaje
contra nuestras narinas
como las aguas sobre las paredes perimetrales de la casa.
No llueve pero la amenaza del agua
no ceja
y todo está gris
tiritante
como nuestra chiquita
envuelta entre las sábanas.

viernes, 8 de octubre de 2010

Encuentro

video



Aspira y blasfema,
inhala y perjura
tú negra y blanca llanura
se alborota y contonea
el pecho te gorgotea
trino de alondras sin tierra.
La llanura que ahora es sierra
presa de manos se abre,
los gemidos de la tarde
se despiertan en tus cuerdas.
Rodando va por las sierras
la voz de dedos sin nombre.
Tú cantar de avispa y cobre
se sacude inusitado,
la tormenta que ha golpeado
en tus  vastas latitudes
se desata en mil aludes
que castigan tus caderas.
Hay dos frentes dos pasiones
dos colosos dos sabores,
hay  ahora una blanda,
lentitud del agua nueva,
de la vertiente alameda
donde la luz se perdona
brota simiente ladrona
de ensueños de red de espanto
de lágrima sonrisa y canto
de la mágica poesía.
Tú morada se hace mía
tú delirio en terso manto
me envuelve en el dulce llanto
de tú voz acongojada
y en el último suspiro
que precede a tú suicidio
se me hace el alma de lirio
y a tú suerte yo me fundo
para morir ya me hundo
piano piano piano piano.

Ruidos















Necesitaba al verso
su cadencia y rima
la tranquila soledad
que lo templara.

Necesitaba la pausa
estar a solas con el mismo
sin más gárgaras cigarra
en el berrinche pendular
de aquellos autos.

Deseaba la paz que abraza al cuerpo
en el abrazo cerrado de la tierra,
al silencio empapado por la lluvia
que el silencio en silencio
rompe tímpanos.

Un silencio de cuna
eso quería.
una siesta en el campo
a campo abierto
y en cambio a la caída de un segundo
le sucedía otro intermitente
como una comezón llena de dientes
como una comparsa en un velorio
la ciudad crecía en el bochorno
de bocinas, de voces y de golpes.

Pensó en hacerse sordo, ciego, mudo
en suspender el oxígeno en tabaco,
en cavar a mano limpia en las baldosas
y procurarse un último refugio.

Pero la urbe no quiso liberarlo
y aunque el día en su luz
se iba extinguiendo
a la noche le fueron sucediendo
nuevos ruidos como mosca de recambio.

Habrá que desistir de la renuncia
y vivir entre el ripio de estos ruidos
tal vez envejecer cada minuto
planchando las arrugas del silencio.

Pensó en hacerse al mar y sin fronteras
boyar en la caricia de las olas
pero no encontró el camino hacia la costa
he iba entre los ruidos rebotando
como una piedrecita en la ladera
cada vez más pronunciada de las horas.

Así que se quedó como se queda
la curva del camino en su cansancio
doblado bajo el yunque de la urbe
que golpe a golpe lo iba martillando
hasta quedar bien a la forma que se espera
chatito como suela de sandalia
hueco como anillo
duro como piedra
callado como un escudo que aguarda
que solo aguarda
la próxima estocada.

lunes, 4 de octubre de 2010

Pérdida y encuentro


Se me cayó una palabra
como un plato de comida
y en el piso se mezclaron
tu boca, el vidrio y la mía.

Se me cayó una palabra,
una palabra indebida,
entre las luces que gimen
yacen tu sombra y la mía.

Se me cayó una palabra
como una suerte homicida
que no le vasta matarme
busca tu cuerpo suicida.

De quien sabe que rincones
se me cayó esta palabra
a la noche a mar abierto
de tus ojos sin salida.

viernes, 1 de octubre de 2010

Llovizna














Arrepentido de haber sido
de haberme dejado ser
tan solo en la caída
un fruto sin semilla
un ala sin voluntad
bajando
siempre con la vista
hacia el abismo
y las manos hacia el cielo
furibundo o melancólico
con las retinas hartas
de nubes pariendo tristeza
deshilachando paisajes
oscureciendo caminos
rechazando la alegría
asumiendo que soy
más que agua
el recuerdo de su tránsito
de su fatal destino
el prefacio de la lluvia
la invocación del desánimo…
pienso que tal vez
no existo
que solo voy de sombras
apagando los días
amortiguando las horas
anegando los minutos
restando tiempo a la vida,
inútil vuelo en picada
contra una tierra homicida
un recuerdo que no moja
que no seca
que no asila.


Y así,
renegando de lo que soy
voy cayendo de a tres sílabas
apenas visible
apenas sonora
ahora por ejemplo
por esta ciudad enferma
de cementos y de humos
que se escuda en paraguas y toldos
o ni siquiera
y va al trotecito entre umbrales
o ni siquiera
y apura el paso
o tan siquiera.
Y me usa, me aprovecha
para sacar las macetas al balcón,
para estrenar un felpudo
o peor aun,
para dolerse en mi presencia
como si yo tuviese algo que ver
con ese tiempo de los hombres
que cae y se precipita
y va gastándole la vida,
yo, que existí antes que él
y seguiré siendo
cuando él ya no exista
yo, que tuve que enredarme con la arcilla
para que él tuviera forma.

Como si yo existiera
solo ante sus ojos
o peor aun
dentro de ellos
que solo me ven como líneas
de anteojos gastados
rayando el paisaje,
que solo me oyen como estallidos
de insectos kamikazes
golpeando los cristales
que solo me nombran
cuando soy apenas
un rasguido sutil
en el sutil encordado
de un arpegio transparente.

No soy una idea que moja
Ni una melancolía que cae
Ni una tristeza que se arrastra.

Soy el ciclo del agua
la rompiente de mis nubes
la promesa del diluvio
el apodo de la lluvia.

Soy llovizna
La Llovizna.

No soy un producto utilitario
ni una idea
ni una emoción
ni siquiera soy el nombre,
el nombre que me han dado.
Soy fuera del hombre
antes, durante y después de él.
Mi linaje asciende del cielo
y si me mezclé con la tierra
y si Dios ha soplado entre sus dedos embarrados,
está bien que seas,
igual que yo,
que soy sin necesidad de que me nombres.

Llegará el día en que los hombres
mojen la tierra
y yo me siente a verlos caer
y tal vez me duela, sí,
pensando que son
pedazos de mi mismo
volviendo
soltándose del pasado
para venir a mojarme
a recordarme mejores tiempos,
tiempos en que fui
teóricamente
feliz,
pedazos de mi pasado
mostrándome la vida
que ya me pasó,
mis antiguos amores
con ese brillo hiriente
de recién inaugurados
de envoltorio de celofán
sin abrir
en los escaparates inalcanzables
detrás de la leve cortina de humo
que asciende desde mi cigarro.

Y así, seco
reseco detrás del cristal
veré caer a los hombres grises
rasguñando las paredes
desgarrándose contra la ventana.

Y de seguro pensaré que son
que apenas son
la caída
un retorno débil y sostenido
de pasadas felicidades
vueltas en penas
goteando
encharcando las veredas.

Una tristeza desbordando
con cada hombre que cae
de la comisura de mis ojos
repiqueteando en las veredas
en una queda protesta
repitiendo sus cuatro sílabas,
hu – contra la hoja de un árbol
ma – contra el poste de alumbrado
ni – contra el alero de la tienda
dad – de cara contra una baldosa.

Humaniza sobre el paisaje,
yo creo verla pasar meneándose
entre las gotas en tránsito
de prisa dentro de la carrera de la rutina
pero no es ella… aunque se parece tanto.

Humaniza sobre el paisaje
ruedan hombres por los brazos de los árboles
por la pendiente jaspeada de un parabrisas.
La Llovizna recuerda,
se duele, se lamenta en silencio
envejece de tabaco y cortado
en este café
su estanco vaivén del tiempo.

Humaniza dentro de La Llovizna,
llovizna dentro de los Hombres
y el día se expande
se extiende como una tristeza
sobre el colchón destartalado
de esta vida.

El único pronóstico posible
para sonreír siquiera
sería la amnesia,
pero nunca es total
y yo, que creo verla pasar
meneándose en el tránsito,
pero no es ella… aunque se parece tanto…